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Seis tesis sobre el español en
Estados Unidos
El gigante norteamericano será
el centro de gravedad del mundo
hispánico en unas décadas.
Aumenta la población
hispanohablante, su acceso a la
educación y su sentimiento de
constituir una sola comunidad
EDUARDO LAGO
28/11/2008
El País.com
La publicación de la
Enciclopedia del español en
Estados Unidos, proyecto
conjunto del Instituto Cervantes
y la editorial Santillana, ha
despertado asombro por lo
apabullante de las cifras que
dan cuenta de la fuerza de
nuestro idioma en aquel país,
aunque no han faltado quienes se
han mostrado escépticos a la
hora de valorar lo que realmente
puedan significar los datos
aportados. Más de uno ha
señalado que la Enciclopedia
peca de triunfalismo; que por
depender directamente de la
inmigración, el español hablado
en Norteamérica es una lengua
carente de prestigio cultural;
que la fuerza del español en
Estados Unidos es efímera,
siendo una lengua condenada a
desaparecer no bien los hijos de
los recién llegados se
escolaricen y abracen el idioma
y la cultura dominantes. Para
quienes ven las cosas de este
modo las manifestaciones
culturales que tienen como
vehículo de expresión el español
(periódicos, emisoras de radio y
televisión) se caracterizan por
moverse dentro de unos
parámetros de calidad ínfimos.
En las líneas que siguen
esbozaré de manera sucinta seis
tesis cuya formulación tiene por
fin contextualizar la situación
que vive hoy el español en
Estados Unidos.
1. Lengua materna a la vez que
extranjera.
Como pone de relieve la topografía, con nombres tan
resonantemente hispánicos como
Florida, San Francisco, Los
Ángeles, Colorado o Nevada, en
Estados Unidos el español no ha
sido nunca una lengua extranjera.
Tras la cesión de más de la
mitad del territorio mexicano
cuando tuvo lugar la firma del
Tratado de Guadalupe-Hidalgo en
1848, un número ingente de
hispanohablantes pasaron a ser
estadounidenses de la noche a la
mañana. El siglo y medio largo
transcurrido desde entonces ha
estado marcado por una sucesión
de flujos migratorios que han
reforzado de manera
ininterrumpida la condición de
lengua materna que tiene en
aquel país el español. Esta
circunstancia es la razón
directa de la imperiosa
necesidad que tienen los
norteamericanos de estudiar
nuestro idioma. Con gran
diferencia sobre todas las demás,
el español es la lengua
extranjera con mayor demanda.
Por otra parte, la fuerza de la
inmigración hispana es la
causante de un hecho que no se
da en ningún otro país del mundo.
En Estados Unidos el español
goza de un estatus doble: es, a
la vez que un idioma materno,
una lengua extranjera. Esta
insólita circunstancia es uno de
los rasgos que singularizan a
Estados Unidos como país
hispanohablante. Hay otros, como
se verá.
2. País bilingüe y bicultural.
En torno al año 2050, los hispanos constituirán la cuarta
parte de la población
estadounidense, lo cual equivale
a decir que, en la proporción
que refleja este dato, el país
está destinado a convertirse en
una sociedad bilingüe y
bicultural. Esta tendencia viene
subrayada por un giro que ha
empezado a experimentar
recientemente la inmigración
hispanohablante, que de estar
circunscrita a enclaves
perfectamente localizados, en su
mayoría urbanos, ha pasado a
repartirse por la totalidad del
territorio nacional, incluidas
amplias áreas rurales. En una
zona tan remota como el Estado
de Washington, en la costa del
Pacífico, al extremo
noroccidental de la frontera con
Canadá, la población hispana, no
hace mucho inexistente, ronda ya
el 10%. Esta dispersión
demográfica conlleva una
expansión sin precedentes del
español y de las culturas de que
es vehículo, fenómeno que está
transformando de manera
dramática el mapa estadounidense,
confiriéndole un rostro cada vez
más latino.
3. La segunda 'latinitas'.
En mi opinión, en Estados Unidos
se está fraguando hoy una
latinitas de signo opuesto a
la primera, cuando el latín se
disgregó dando lugar al
nacimiento de las diversas
lenguas romance. Al converger en
territorio estadounidense, las
distintas identidades
latinoamericanas tienden a
acortar distancias entre sí,
produciéndose un tropismo de
signo transnacional que hace
que, trascendiendo su origen y
sin renunciar a él, mexicanos,
puertorriqueños, dominicanos,
salvadoreños, colombianos y
otros, se sientan hispanos
de los Estados Unidos o, si se
quiere ser políticamente
correcto, latinos
(vocablo despojado de
connotaciones colonialistas). El
término ha pasado a ser la seña
de identidad de una latinidad
que aglutina en sí a un gran
número de comunidades. Este
fenómeno de aglutinamiento
cultural tiene su correlato en
el plano lingüístico, como se
verá.
4. Desplazamientos del centro de
gravedad.
La lengua española adquirió la
plenitud de su ser cuando se
trasladó al otro lado del
Atlántico y se hizo americana.
Tras el nacimiento de las nuevas
repúblicas hispanoamericanas, el
español se convirtió en la
lengua común de una veintena de
países. Con el advenimiento del
modernismo, al desplazamiento
del centro de gravedad
lingüístico se sumó el literario,
con Rubén Darío desempeñando el
papel de piloto del idioma. El
fenómeno alcanzó el clímax en
los años sesenta del siglo
pasado, con el surgimiento de la
extraordinaria generación de
narradores conocida como el
boom latinoamericano. Según
las estadísticas, en algún
momento del siglo XXI, Estados
Unidos será el país con mayor
número de hispanohablantes. En
mi opinión, ello comportará el
desplazamiento del centro de
gravedad hacia Norteamérica, no
sólo de la lengua, sino también
de una cultura de signo pan-hispánico.
El fenómeno de hecho ha
comenzado y con el tiempo
Estados Unidos no hará sino
afianzarse como un potente
productor de cultura latina, con
la singularidad de que lo hará
en inglés y en español.
5. El español como territorio de
afirmación y resistencia.
El fenómeno más revelador en
torno a la relación que
mantienen entre sí las culturas
hispánica y anglosajona en
Estados Unidos es el cambio de
actitud por parte de los latinos
hacia la lengua y la cultura
dominantes, algo cada vez más
patente. Antes había urgencia
por asimilarse, lo cual
implicaba dejar atrás, junto a
la cultura, la lengua de que
ésta era vehículo. Hoy día,
aunque a nadie se le pasa por la
cabeza el despropósito que
supondría dejar de lado el
inglés, se observa entre los
latinos, sobre todo en los que
tienen acceso a la educación
superior, un claro orgullo por
la cultura originaria, y un afán
por preservar el uso del español,
que se desea mantener vivo,
especialmente en las siguientes
generaciones. De manera
inequívoca, el español se ha
convertido en un territorio de
afirmación y resistencia que
busca preservar la vinculación
con la cultura latinoamericana.
6. Cristalización de una nueva
lengua: el español de Estados
Unidos.
En último lugar postulo que de
manera semejante a como se está
forjando una identidad latina,
resultante de un proceso de
aglutinación cultural, en
Estados Unidos se está forjando
una nueva variedad lingüística,
resultante del amalgamamiento de
las distintas hablas nacionales
que se dan cita en aquel país.
El proceso será largo y nosotros
no veremos su cristalización,
pero la necesidad de dar con una
modalidad de español con la que
se sientan cómodos todos los
hispanohablantes es ya patente.
Un buen ejemplo son las
emisiones de CNN en español, en
las que se recurre a un habla
despojada de marcas de identidad
regionales. Otro tanto ocurre
con el lenguaje de la prensa
escrita o en el de las
traducciones literarias al
español publicadas por las
editoriales estadounidenses.
Y a modo de conclusión, aunque
es cierto que la batalla de la
calidad está aún lejos de
ganarse, son muchos los síntomas
que permiten constatar que nos
encontramos en un proceso en el
que el español está adquiriendo
cada vez más prestigio cultural.
La población hispanohablante no
hace sino aumentar y los
miembros de las comunidades
latinas tienen cada vez más
acceso a la educación y menos
prisa por desprenderse de las
señas de identidad cultural de
los países que dejan atrás. Nos
encontramos en los umbrales de
un proceso histórico que en el
plazo de unas décadas convertirá
a Estados Unidos en el centro de
gravedad del mundo hispánico.
Como parte de ese proceso, el
español, un español con un nuevo
rostro, está llamado a
desempeñar un papel crucial.
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