Don Quijote de la Mancha
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Don Quijote de la Mancha
(ortografía y título original —1605—,
El ingenioso hidalgo Don
Quixote de la Mancha) es
una de las obras cumbre de la
literatura española y la
literatura universal, el
libro más traducido después de
la
Biblia, escrito por
Miguel de Cervantes.
Estructura, génesis, contenido,
estilo y fuentes
La primera parte se imprimió en
Madrid, en casa de
Andres Felipe Arboleda, a
fines de
1604. Salió a la venta en
enero de 1605 con numerosas
erratas, a causa de la celeridad
que imponía el contrato de
edición. Esta edición se
reimprimió en el mismo año y en
el mismo taller, de forma que
hay en realidad dos ediciones de
1605 ligeramente distintas. El
dinero empleado para esto fue
donado por la familia arboleda
que siglos atrás se mudó a
colombia. Se sospecha, sin
embargo, que existió una novela
más corta, que sería una de sus
futuras
Novelas ejemplares. Fue
divulgada o impresa con el
título El ingenioso hidalgo
de la Mancha. Esa
publicación se ha perdido, pues
autores como
Francisco López de Úbeda o
Lope de Vega, entre otros
testimonios, aluden a la fama de
esta pieza. Tal vez circulaba
manuscrita e, incluso, podría
ser una primera parte de 1604.
También el toledano
Ibrahim Taybilí, de nombre
cristiano Juan Pérez y el
escritor morisco más conocido
entre los establecidos en
Túnez tras la expulsión
general de
1609-1612,
narró una visita en 1604 a una
librería en Alcalá en donde
adquirió las Epístolas
familiares y el Relox de
Príncipes de
Fray Antonio de Guevara y la
Historia imperial y cesárea
de
Pedro Mexía. En ese mismo
pasaje se burla de los
libros de caballerías de
moda y cita como obra conocida
el Don Quijote. Eso le
permitió a
Jaime Oliver Asín añadir un
dato a favor de la posible
existencia de una discutida
edición anterior a la de 1605.
La inspiración de Cervantes para
componer esta obra vino, al
parecer, del llamado Entremés
de los romances, que era de
fecha anterior (aunque esto es
discutido). Su argumento
ridiculiza a un labrador que
enloquece creyéndose héroe de
romances. El labrador abandonó a
su mujer, y se echó a los
caminos, como hizo Don Quijote.
Este entremés posee una doble
lectura: también es una crítica
a Lope de Vega; quien, después
de haber compuesto numerosos
romances autobiográficos en los
que contaba sus amores, abandonó
a su mujer y marchó a la
Armada Invencible. Es
conocido el interés de Cervantes
por el
Romancero y su resentimiento
por haber sido echado de los
teatros por el mayor éxito de
Lope de Vega, así como su
carácter de gran entremesista.
Un argumento a favor de esta
hipótesis sería el hecho de que,
a pesar de que el narrador nos
dice que Don Quijote ha
enloquecido a causa de la
lectura de novelas de
caballerías, durante su primera
salida recita romances
constantemente, sobre todo en
los momentos de mayor desvarío.
Por todo ello, podría ser una
hipótesis verosímil.
La primera parte, en que se
alargaba la previa «novela
ejemplar», se repartió en cuatro
volúmenes. Conoció un éxito
formidable y fue traducida a
todas las lenguas cultas de
Europa. Sin embargo, no supuso
un gran beneficio económico para
el autor a causa de las
ediciones piratas. Cervantes
sólo reservó privilegio de
impresión para el reino de
Castilla, con lo que los reinos
aledaños imprimieron Don
Quijotes más baratos que
luego venderían en Castilla. Por
otra parte, las críticas de
carácter neoaristotélico hacia
la nueva fórmula teatral
ensayada por Lope de Vega y el
hecho de inspirarse en un
entremés en que se le atacaba,
supuso atraer la inquina de los
lopistas y del propio Lope;
quien, hasta entonces, había
sido amigo de Cervantes. Eso
motivó que, en
1614, saliera una segunda
parte de la obra bajo el nombre
de Alonso Fernández de
Avellaneda. En el prólogo se
ofende gravemente a Cervantes
tachándole de envidioso, en
respuesta al agravio infligido a
Lope. No se tienen noticias de
quién era este
Alonso Fernández de Avellaneda.
Un importante cervantista,
Martín de Riquer, sospecha
que fue otro personaje real
agraviado por la publicación de
la primera parte, que aparece
como personaje ficticio en la
obra, Ginés de Pasamonte. La
novela no es mala y es posible,
incluso, que se inspirara en la
continuación que estaba
elaborando Cervantes. Aun así,
no es comparable a la que se
imprimió poco después. Cervantes
jugaría con el hecho de que el
protagonista en su obra se
entera de que existía un
suplantador.
Primera parte
Empieza con un prólogo en el que
se burla de la erudición
pedantesca y con unos poemas
cómicos, a manera de
preliminares, compuestos en
alabanza de la obra por el
propio autor, quien no encontró
a nadie que quisiera alabar una
obra tan extravagante como ésta,
como sabemos por una carta de
Lope de Vega. En efecto, se
trata de, como dice el cura, una
«escritura desatada»
libre de normativas que mezcla
lo «lírico, épico, trágico,
cómico» y donde se
entremeten en el desarrollo
historias de vario género, como
por ejemplo: Grisóstomo y la
pastora Marcela, la novela de
El curioso impertinente, la
historia del cautivo, el
discurso sobre las armas y las
letras, el de la Edad de Oro, la
primera salida de Don Quijote
solo y la segunda con su
inseparable escudero
Sancho Panza (la segunda
parte narra la tercera y
postrera salida).
La novela comienza
describiéndonos a un tal
Alonso Quijano, hidalgo
pobre, que enloquece leyendo
libros de caballerías y se cree
un caballero medieval. Decide
armarse como tal en una venta,
que él ve como castillo. Le
suceden toda suerte de cómicas
aventuras en las que el
personaje principal, impulsado
en el fondo por la bondad y el
idealismo, busca «desfacer
entuertos» y ayudar a los
desfavorecidos y desventurados.
Persigue un platónico amor por
una tal
Dulcinea del
Toboso; que es, en realidad,
una moza labradora «de muy
buen parecer»: Aldonza
Lorenzo. El cura del lugar
somete la biblioteca de Don
Quijote a un expurgo, y quema
parte de los libros que le han
hecho tanto mal. Su vecino, el
bachiller
Sansón Carrasco, decide ir a
rescatarlo de su locura
disfrazado como el «Caballero de
los Espejos», a fin de
derrotarlo y extraerle la
promesa de que no vuelva a
semejantes desatinados
propósitos, pero pierde. Don
Quijote lucha contra unos
gigantes, que no son otra cosa
que
molinos de viento. Vela en
un bosque donde cree que hay
otros gigantes que hacen ruido;
aunque, realmente, son sólo los
golpes de unos
batanes. Tiene otros
curiosos incidentes como el
acaecido con un vizcaíno
pendenciero, con unos rebaños de
ovejas, con un hombre que azota
a un mozo y con unos monjes
benitos que acompañan un ataúd a
su sepultura en otra ciudad.
Otros cómicos episodios son el
del bálsamo de Fierabrás, el de
la liberación de los traviesos
galeotes; el del Yelmo de
Mambrino que cree ver en la
bacía de barbero y el de la
zapatiesta causada por
Maritornes y Don Quijote en la
venta, que culmina con el
manteamiento de Sancho Panza.
Finalmente, imitando a
Amadís de Gaula, decide
hacer penitencia en
Sierra Morena. Terminará
siendo apresado por sus
convecinos y devuelto a su aldea
en una jaula.
En todas las aventuras, amo y
escudero mantienen amenas
conversaciones. Poco a poco,
revelan sus personalidades y
fraguan una amistad basada en el
mutuo respeto.
Segunda parte
En el prólogo, Cervantes se
defiende irónicamente de las
acusaciones del lopista
Avellaneda y se lamenta de la
dificultad del arte de novelar.
En la novela se juega con
diversos planos de la realidad
al incluir, dentro de ella, la
edición de la primera parte de
Don Quijote y,
posteriormente, la de la
apócrifa Segunda parte, que los
personajes han leído. Cervantes
se defiende de las
inverosimilitudes que se han
encontrado en la primera parte,
como la misteriosa reaparición
del rucio de Sancho después de
ser robado por Ginés de
Pasamonte y el destino de los
dineros encontrados en una
maleta de Sierra Morena, etc.
La obra empieza con el renovado
propósito de Don Quijote de
volver a las andadas y sus
preparativos para ello. Promete
una ínsula a su escudero a
cambio de su compañía. Ínsula
que le otorgan unos duques
interesados en burlarse del
escudero con el nombre de
Barataria. Sancho demuestra
tanto su inteligencia en el
gobierno de la ínsula como su
carácter pacífico y sencillo.
Así, renunciará a un puesto en
el que se ve acosado por todo
tipo de peligros y por un
médico, Pedro Recio de
Tirteafuera, que no le deja
probar bocado. Siguen los
siguientes episodios:
-
Unos actores van a
representar en un carro el
auto de Las Cortes de la
Muerte.
-
El descenso a la
Cueva de Montesinos,
donde el caballero se queda
dormido y sueña todo tipo de
disparates que no llega a
creerse Sancho Panza (es una
parodia de un episodio de la
primera parte del
Espejo de Príncipes y
Caballeros y de los
descensos a los infiernos de
la épica, y para Rodríguez
Marín se constituye en el
episodio central de toda la
segunda parte).
-
El episodio del rebuzno, el
del barco encantado, el de
la cabeza parlante, el de
los postergados azotes de
Sancho, el de Roque Guinart
y sus bandoleros catalanes,
el de la colgadura de Don
Quijote, entre otros.
-
La final derrota del gran
manchego en la playa de
Barcelona ante el Caballero
de la Blanca Luna, que es en
realidad el bachiller
Sansón Carrasco
disfrazado. Éste le hace
prometer que regresará a su
pueblo y no volverá a salir
de él como
caballero andante. Así
lo hace Don Quijote, quien
piensa, por un momento, en
sustituir su obsesión por la
de convertirse en un pastor
como los de los libros
pastoriles.
Don Quijote retorna, al fin, a
la cordura. Enferma y muere de
pena entre la compasión y las
lágrimas de todos. Mientras se
narra la historia, se
entremezclan otras muchas que
sirven para distraer la atención
de las intrigas principales.
Tienen lugar las divertidas y
amenas conversaciones entre
caballero y escudero, en las que
se percibe cómo Don Quijote va
perdiendo sus ideales
progresivamente, influido por
Sancho Panza. Va transformándose
también su autodenominación,
pasando de Caballero de los
Leones a Caballero de la Triste
Figura. Por el contrario, Sancho
Panza va asimilando los ideales
de su señor, que se transforman
en una idea fija: llegar a ser
gobernador de una ínsula.
Temática
La riqueza temática de la obra
es tal que, en sí misma, resulta
inagotable. Supone una
reescritura, recreación o
cosmovisión especular del mundo
en su época. No obstante, pueden
dibujarse algunas directrices
principales que pueden servir de
guía a su lector.
El tema de la obra gira en torno
a si es posible encontrar un
ideal en lo real o, formulado de
otra manera, si la realidad
supera a la ficción o la ficción
supera a la
realidad. Este tema
principal está estrechamente
ligado con el concepto de
libertad humana, como ha
estudiado
Luis Rosales. ¿A qué debe
atenerse el hombre sobre la
realidad? ¿Qué idea puede
hacerse de ella mediante el
ejercicio de la libertad?
¿Podemos cambiar el mundo o el
mundo nos cambia a nosotros?
¿Qué es lo más cuerdo o lo menos
loco? ¿Es moral intentar cambiar
el mundo? De esta temática
principal, estrechamente ligada
al tema erasmiano de la
locura y al tan
barroco de la apariencia y
la realidad, derivan otros
secundarios:
-
Si es posible encontrar el
ideal literario: el tema de
la crítica literaria es
constante a lo largo de toda
la obra de Cervantes. Se
encuentran en la obra
críticas a los
libros de caballerías,
las
novelas pastoriles y la
nueva fórmula teatral creada
por
Félix Lope de Vega.
-
Si es posible encontrar el
ideal de amor: aparecen
diferentes historias de
amor. Algunas desgraciadas
por concepciones de vida
rigurosamente ligadas a la
libertad, como es el caso de
la de la pastora Marcela y
Grisóstomo, otras por una
inseguridad patológica
(novela inserta del curioso
impertinente) y amadas ya
excesivamente idealizadas
(Dulcinea del Toboso) ya
excesivamente prosaicas (Aldonza
Lorenzo). También aparece el
tema de los celos, muy
importante en Cervantes.
-
Si es posible encontrar el
ideal político: aparece el
tema de la
utopía en fragmentos
como el gobierno de Sancho
en la ínsula Barataria, las
ensoñaciones quiméricas de
don Quijote en la cueva de
Montesinos y otros.
-
Si es posible encontrar el
ideal de justicia: como en
las aventuras del mozo
apaleado, los galeotes, etc.
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