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EL PAIS:
"La muerte de Miguel Hernández
es un símbolo de la España que
pudo ser y no fue"
El hispanista Ian Gibson reúne a
Machado, Juan Ramón, Lorca y
Hernández en un estudio que
destaca su compromiso con la
Segunda República
ABEL GRAU
- Madrid -
28/02/2007
Miguel Hernández murió
encarcelado y enfermo de
tuberculosis, en 1942, antes de
haber conseguido escribir la
obra definitiva que lo
consolidara como uno de los
grandes poetas del siglo XX,
según el hispanista Ian Gibson.
Su fracaso “es un símbolo de una
España que pudo ser y no fue”.
Gibson ha reunido a Hernández
con los otros tres gigantes de
la poesía española contemporánea:
Antonio Machado, Juan Ramón
Jiménez y Federico García Lorca,
en Cuatro poetas en guerra
(Planeta), un estudio que
subraya que los cuatro se
comprometieron con la defensa de
la república y que lo pagaron
con la muerte y con el exilio.
“Son cuatro poetas esenciales
unidos por el amor a la
república y a la democracia”, ha
señalado hoy el autor, en la
presentación del libro en
Madrid.
El hispanista ha recuperado la
figura olvidada del periodista
argentino de origen español
Pablo Suero (Gijón, 1989-Buenos
Aires, 1943), que entrevistó a
los poetas en los años treinta,
y lo ha empleado como hilo
conductor para anudar sus vidas.
Suero permite seguir la historia
de la Guerra Civil desde que
llegó a España en 1935, en pleno
ambiente preelectoral, hasta que,
concluida la derrota republicana,
el periodista se lamenta en
Argentina del destino de la
democracia española. Su obra
quedó recogida en el volumen
España levanta el puño.
Puerta de entrada a la Segunda
República
Gibson advierte de que en su
libro no hace grandes
revelaciones sino que recopila
documentación variada, de la
biblioteca municipal y también
procedente de alguno de sus
estudios anteriores (como
Pasión y muerte de Federico
García Lorca o Ligero de
equipaje. La vida de Antonio
Machado), para ofrecer “un
relato ameno” para aquellos
jóvenes que quieran saber qué le
ocurrió a sus abuelos. “He
notado que hay mucha ignorancia
y mucha curiosidad. Se tiende a
pensar que la república fue de
una pieza, pero no fue así. Fue
un periodo muy complejo y
difícil de entender”.
Juan Ramón Jiménez, a quien
siempre se le ha colgado el
sambenito de autor enrocado en
su torre de marfil y ajeno a los
quehaceres cotidianos, emprendió
una activa campaña en Estados
Unidos para intentar conseguir
ayuda para el Gobierno legítimo
durante la Guerra Civil. Todo
fue inútil, según Gibson, porque
no allí nadie le conocía.
Además, el presidente, Franklin
Delano Roosevelt, estaba inmerso
en plena campaña electoral, y el
magnate de la prensa William
Randolph Hearst, dueño de una
vasta red de periódicos y
revistas, respaldaba
abiertamente a Franco.
El autor del magistral Diario
de un poeta recién casado
nunca volvió a España. Recibió
el Nobel en 1956 y falleció dos
años después, “solo y sumido en
la depresión”. Tampoco regresó
Machado. De nada le valió su
moderación. “Admiraba el
marxismo pero no admitía que el
factor económico fuera lo más
importante de la vida. Él se
definía como un republicano
viejo”. Murió en Colliure, el 22
de febrero de 1939, tras cruzar
la frontera con Francia para
huir del avance franquista.
Más conocido es el caso de
Lorca. Su Granada natal fue uno
de los primeros territorios que
cayó bajo la bota del ejército
golpista. Atrapado entre las
rencillas caciquiles locales,
Lorca, que había difundido su
militancia antifascista, fue
denunciado y fusilado. “Su
muerte, según las últimas
investigaciones, como la de
Manuel Titos Martínez, sucedió
la madrugada del día 18” de
agosto de 1936. Su fusilamiento
“se debió probablemente a
cuestiones territoriales.
Algunos caciques, muy
conservadores, tenían rencor al
padre de Lorca porque era un
cacique progresista”. Lorca “fue
muy político y muy valiente”. En
un entrevista en el diario El
Sol declaró : “en Granada se
agita la peor burguesía de
España”. “Fue su sentencia de
muerte”, ha señalado Gibson.
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