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Buero Vallejo recibe
el último adiós en el
teatro María Guerrero
JUAN G. BEDOYA, Madrid
Seis mil personas
desfilaron ayer, entre
el mediodía y la
medianoche, ante los
restos de Antonio Buero
Vallejo, depositados en
el patio de butacas del
teatro María Guerrero,
en Madrid. El dramaturgo
falleció a los 83 años
en la medianoche del
viernes y será enterrado
hoy en el cementerio de
La Paz, en Tres Cantos,
localidad próxima a
Madrid. El féretro
saldrá del María
Guerrero a las 10.30. La
ministra de Educación,
Cultura y Deporte, Pilar
del Castillo, visitó la
capilla ardiente y, en
su primer acto oficial
después de tomar
posesión, expresó el
dolor del Gobierno por
la pérdida de una de las
voces más libres de la
cultura española. Los
Reyes expresaron su
pésame a la viuda, la
actriz Victoria
Rodríguez.
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La capilla
ardiente, en el
Teatro María
Guerrero (G.
Lejarcegi). |
"Un inseguro autor en el
espacio del centro,
claramente iluminado".
Con esta acotación
terminó Antonio Buero
Vallejo su última obra
de teatro, Misión al
pueblo desierto,
estrenada el año pasado,
50 años después de
Historia de una escalera,
la pieza que le lanzó a
la fama. Ayer, a la hora
exacta del mediodía, esa
escena imaginada se
plasmó de nuevo en el
patio de butacas del
teatro María Guerrero,
de Madrid, pero esta vez
para acoger el cuerpo
del dramaturgo,
depositado en un féretro
e iluminado por un foco
de intensísima luz, con
el resto de la sala en
penumbra. Anoche ya
habían desfilado ante el
impresionante túmulo
unas 6.000 personas para
rendir homenaje al autor
de una de las obras más
libres y personales del
teatro español del siglo
XX.
Buero Vallejo, académico
de la Lengua y premio
Cervantes, falleció en
la medianoche del
viernes a los 83 años de
edad, y será enterrado
hoy en el cementerio de
La Paz, en Tres Cantos,
localidad próxima a
Madrid. El feretró
saldrá del teatro a las
10.30 horas.
Envuelto en un sudario
blanco, que hacía aún
más afilado y terso su
rostro, Buero Vallejo
llenó ayer de dramatismo
el escenario teatral más
apropiado para el
luctuoso momento: el
mismo patio de butacas
en el que, en enero del
año pasado, Buero
asistió, acompañado por
los Reyes, al reestreno
de La Fundación,
la obra escogida por el
Centro Dramático
Nacional para celebrar
su vigésimo aniversario.
Paco Valladores fue, en
1974, uno de los actores
que estrenó esa obra.
"Era un hombre enorme,
que nunca despotricó
contra nada ni contra
nadie. Cuando hablaba lo
hacía sin esa venda en
los ojos que muchos
tenemos", dijo ayer el
actor.
Autoridades, gentes del
teatro y y de otras
artes, pero sobre todo
miles de personas
anónimas, en
impresionante silencio,
desfilaron ayer ante los
restos del dramaturgo y
expresaron su duelo a
Victoria Rodríguez, la
actriz con la que Buero
tuvo dos hijos, uno de
ellos fallecido en
accidente de tráfico.
Precisamente el pasado
domingo Buero fue al
María Guerrero a ver la
representación de La
visita de la vieja dama,
de Friedrich Durrenmatt,
en la que su esposa
interpreta un papel
estelar.
Este pasado viernes,
cuando Buero ya estaba
en coma, Victoria
Rodríguez acudió a la
cita teatral de cada día,
interpretó su gran papel
de dama visitada
y, nada más terminar la
función, se trasladó a
la clínica a tiempo para
dar el último beso a su
esposo, que éxpiró poco
después. El teatro les
permitió conocerse y el
teatro logrará que, esta
misma tarde, Victoria
Rodríguez tenga coraje
para subirse de nuevo al
escenario, ocho horas
después de que el
feretro con los restos
de su marido haya
abandonado
definitivamemte el
proscenio y el patio de
butacas del teatro más
querido por ambos.
"Fue como una
premonición. Sentí que
se quería morir", dijo
ayer la actriz María
Jesús Valdés sobre la
presencia de Buero en el
María Guerrero el pasado
domingo. "Para mí no ha
muerto", añadió la
actriz, que también
actúa en La visita de
la vieja dama. Fue
ella la que estrenó hace
50 años Historia de
una escalera.
La ministra de
Educación, Cultura y
Deporte, Pilar del
Castillo, llegó al María
Guerrero una hora
después de instalada la
capilla ardiente.
"Lamento que mi primer
acto oficial sea para
visitar el féretro de un
dramaturgo tan
importante y con una
obra tan potente", dijo.
Según la nueva ministra,
Buero fue un "rayo de
luz y de esperanza" para
toda una generación.
Los Reyes remitieron un
telegrama de pésame a la
viuda de Buero y a su
hijo, Carlos. También
enviaron una corona de
flores, que se unió a
otras de instituciones
como el Ministerio de
Educación, teatro
Español, Universidad
Carlos III, Presidencia
del Gobierno y
Ayuntamiento de
Guadalajara, ciudad en
donde Buero nació el 29
de septiembre de 1916, y
que ayer decretó tres
días de luto. "Un
artista de la palabra".
Con estas palabras
resumió su homenaje a
Buero el Gobierno de
Castilla-La Mancha. Y el
presidente de la
Comunidad de Madrid,
Alberto Ruiz-Gallardón,
lo calificó como "un
referente de la cultura
comprometida".
Desde Puerto Rico,
Víctor García de la
Concha, director de la
Real Academia Española,
en la que Buero ocupaba
el sillón X,
habló del "gran
dramaturgo y maestro
indiscutible", antes de
recordar que era uno de
los académicos más
rigurosos y fieles a su
trabajo. Buero acudía
cada jueves a la
Academia y ayer algunos
de sus colegas le
llenaron de elogios. "El
teatro español sería
incomprensible sin él",
dijo Gregorio Salvador.
"Alcanzó la cima del
drama español", añadíó
José Luis Sampedro. "Es
el primer dramaturgo
español desde Calderón",
proclamó Luis María
Anson.
El ex líder comunista
Santiago Carrillo
recordó a Buero como "un
héroe de este siglo, a
pesar de su modestia",
antes de subrayar su
faceta de soldado de la
República, "prisionero
de Franco y condenado a
muerte". "Fue un héroe
también con la pluma,
con sus obras rindió
constantemente honor a
la libertad", concluyó
Carrillo.
La bondad disimulada
La manía de exigir al
artista genial que se
comporte como un jefe de
negociado. El Buero
dolorido o amargado. El
Buero camaleónico. "Las
cosas que he tenido que
escuchar. Pero que digan
misa", replicó una vez
Antonio Buero Vallejo.
Como si no le hubieran
sobrado motivos para
proclamar su horror por
la España que le tocó
vivir, incluida una
condena a muerte, apenas
cumplidos los 20 años de
vida, y el fusilamiento
de su padre. Al María
Guerrero llegó ayer una
corona enviada por la
familia de Miguel
Hernández, con quien
Buero Vallejo compartió
cárcel y a quien pintó
en el más célebre
retrato del poeta.
La fama del dramaturgo
tiene muchas vertientes,
pero absolutamente nadie
le negó ayer a Buero la
excelencia y el
magisterio sobre la
escena española. "Deja
obras imprescindibles",
dijo la actriz Nuria
Espert.
Los actores le amaban,
los críticos lo
maltrataron en
demasiadas ocasiones. Y
Buero no hizo nada por
mejorar su fama de
cascarrabias. Le bastó
con saberse verdadero.
"Era bueno, pero hosco.
Austero, muy castellano.
De una inteligencia y
brillantez
extraordinarias. Pero,
sí, le persiguió esa
fama de duro. Y él, como
queriendo disimular su
ternura, su bondad",
afirmó la actriz Maria
Asquerino, protagonista,
con apenas 25 años, de
Madrugada, estrenada
por Buero en 1953.
María Asquerino acababa
de hacer la película
Surcos y recuerda la
emoción de entrar en el
teatro por la puerta
grande de una pieza de
Buero. "He tenido mucha
suerte porque también
fui protagonista de
El sueño de la razón,
estrenada en 1970, junto
a José Bódalo. Y
recuerdo cómo en 1953 y
siempre, en aquella
horrible dictadura, la
gente iba a ver el
teatro de Buero, un rojo
maravilloso, para
descubrir sus símbolos,
para ver qué decía entre
líneas. Y decía cosas,
claro, y muy gordas, y
otras que estaban y a lo
mejor no sabíamos
descubrir".
"Abrió la ventana del
teatro español y nos
hizo ver a los que
estábamos ciegos por
culpa del franquismo",
opinó Adolfo Marsillach,
apesadumbrado por la
pérdida "de un gran
amigo", de cuya mano
llegó al teatro como
actor en la obra En
la ardiente oscuridad.
"La trayectoria de
nuestro teatro se
transformó desde el
estreno de Historia
de una escalera.
Hasta entonces se hacía
un teatro complaciente
con la clase social que
había ganado la guerra,
siempre intentando
obviar los conflictos",
añadió Marsillach.
Antonio Gala también
cree que Buero "preparó
al público para entender
las medias palabras". "A
la censura le salió el
tiro por la culata.
Cuando llegué al teatro,
el público estaba muy
sensibilizado y entendía
todo porque la censura,
a fuerza de ejercerse,
se convirtió en
colaboradora de los
dramaturgos. Buero fue
un hito, el modelo de
todos por su honestidad,
seriedad y entrega a su
oficio de dramaturgo",
explicó Gala.

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