El Infante Sancho de Castilla no
fue envenenado (ABC)
EFE/Toledo
Un detallado estudio
morfológico, anatomopatológico y
toxicológico realizado por un
grupo de investigadores a la
momia del infante don Sancho de
Castilla descarta que la causa
de la muerte de éste, a los
siete años de edad, fuera por
envenenamiento.
Los resultados de este estudio
fueron presentados hoy en el
Monasterio de Santo Domingo el
Real de Toledo, donde están
enterrados los restos del
infante Sancho de Castilla y
Sandoval, por el antropólogo
físico Miguel Botella, de la
Universidad de Granada, y Pedro
Luis Fernández, del Servicio de
Anatomía Patológica del Hospital
Clínico de Barcelona.
En el acto intervino también la
archivera del monasterio, sor
María Jesús Galán, quien explicó
que la idea de proponer a los
investigadores el estudio de los
restos del hijo del rey Don
Pedro I de Castilla, apodado "el
Cruel", surgió hace un año,
cuando se accedió a éstos
durante la restauración del
Retablo del Señor de las Manos
Atadas, donde se conserva la
momia desde el siglo XV.
La religiosa explicó que la
posibilidad de que éstos restos
se pudieran investigar en
profundidad gracias a las
últimas tecnologías le pareció
"muy interesante", dado que
algunos historiadores
sospechaban que podría haber
muerto envenenado, a instancias
de su tío y responsable de la
muerte de su padre, Enrique II
de Trastámara.
Sin embargo, el estudio
realizado por un equipo
interdisciplinar del que forman
parte médicos y especialistas
del Hospital Clínico de
Barcelona, la Universidad de
Alcalá, el Servicio de Salud de
Castilla-La Mancha (SESCAM) y la
Policía Científica de Madrid ha
descartado esta hipótesis, al no
haberse encontrado ningún resto
de arsénico, cianuro o mercurio,
los tres venenos disponibles en
esa época.
En este sentido el doctor Pedro
Luis Fernández explicó que de
las muestras tomadas a la momia
del infante, mediante un
completo equipo endoscópico de
última generación, las que mayor
información han ofrecido hasta
el momento proceden del pulmón,
"que parece tener un volumen y
una consistencia superior a lo
que cabría esperar tras un
proceso de momificación".
Añadió que las pruebas que se
han realizado con este tejido
revelan "una exposición crónica
al humo, procedente
probablemente de chimenea,
adherencias entre los pulmones y
la pared costal y una frecuente
presencia de macrófagos
alveolares y hematíes, que
podría estar asociado con un
proceso inflamatorio de origen
infeccioso".
Por ello, concluyó, "la sospecha
es que el infante habría
fallecido no por envenenamiento,
sino por muerte natural debido a
una neumonía, algo muy habitual
en esa época en la que no había
antibióticos".
Por su parte, el doctor Miguel
Botella anunció que este
estudio, que se encuentra
prácticamente concluido y que
permitirá conocer incluso cómo
era la cara del infante don
Sancho gracias a un escáner en
tres dimensiones, será
presentado en un Congreso
Internacional de Momias, que
tendrá lugar en Canarias en
febrero o marzo de 2007.
Botella, quien agradeció a las
religiosas del Monasterio de
Santo Domingo el Real su
disposición y colaboración en
todo el proceso de
investigación, resaltó el buen
estado de conservación de la
momia, que, una vez concluida la
investigación, volverá a ser
colocada en el hueco del altar
del Retablo del Señor de las
Manos Atadas, "un lugar muy
propicio para su conservación
por la ausencia de humedad".
Además del infante Don Sancho, a
quienes las monjas llaman de
forma cariñosa "principito o
sanchito", en el presbiterio del
Coro del Monasterio de Santo
Domingo el Real de Toledo hay
enterrados otros dos hijos de
Pedro I el Cruel, Diego y María
de Castilla, que profesó como
monja y fue una de las prioras
más influyentes.
Junto a los doctores Botella y
Fernández, asistieron al acto de
presentación sus colegas Jordi
Esteban y Agustín Franco, del
Hospital Clínico de Barcelona;
José María Pinto, jefe del
Servicio de Radiodiagnóstico del
SESCAM, además de Esperanza
Gutiérrez, de la Universidad de
Alcalá; Lourdes Honorato, de la
Policía Científica de Madrid, y
Jesús Nicolás, delegado
provincial de la Consejería de
Cultura, organismo que ha
subvencionado el proyecto con
7.000 euros.