Real Monasterio
de San Lorenzo de El Escorial
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El Real Sitio de San Lorenzo de
El Escorial
es un gran complejo (palacio,
monasterio,
museo y
biblioteca) que se encuentra
en
San Lorenzo de El Escorial,
municipio situado a 45 km al
noroeste de
Madrid, en la
Comunidad de Madrid (España).
El nombre del El Escorial se
debe a unos antiguos depósitos
de escoria procedentes de
una ferrería de la zona de donde
tomó su topónimo la aldea
ubicada en las proximidades del
lugar donde se construyó este
monasterio-palacio y que en la
actualidad es el municipio de
El Escorial (12.669
habitantes en 2003), distinto
del de
San Lorenzo de El Escorial
(14.358 habitantes en 2003),
surgido posteriormente junto al
monumento.
Situado junto al monte
Abantos en la
Sierra de Guadarrama, este
monumental complejo fue mandado
construir por el rey
Felipe II para conmemorar la
victoria de San Quintín el
10 de agosto de
1557 sobre las tropas de
Enrique II, rey de Francia y
para servir de lugar de
enterramiento de los restos de
sus padres, el emperador
Carlos I e
Isabel de Portugal, así como
de los suyos y los de sus
sucesores. El rey confió el
monasterio a la
Orden de San Jerónimo.
Actualmente lo regentan los
agustinos.
La planta del edificio, con sus
torres, recuerda la forma de una
parrilla, por lo que
tradicionalmente se ha afirmado
que esto se hizo así en honor a
San Lorenzo, martirizado en
Roma asándole en una parrilla y
cuya festividad se celebra el 10
de agosto, esto es el día que
tuvo lugar
batalla de San Quintín, de
ahí el nombre del conjunto y de
la localidad creada a su
alrededor.
En realidad
el origen arquitectónico de su
planta es muy controvertido.
Dejando a un lado la feliz
casualidad de la parrilla, que
no apareció hasta que Herrera
eliminó las seis torres
interiores de las fachadas, la
planta parece estar basada más
bien en las descripciones del
Templo de Salomón del
historiador judeo-romano
Flavio Josefo,
modificadas por la necesidad de
adaptar esa idea a las
necesidades del programa
monástico y a las múltiples
funciones que Felipe II quiso
que albergara el edificio:
panteón, basílica, convento,
colegio, biblioteca, palacio,
etc. Todo ello llevó a duplicar
las dimensiones iniciales del
edificio.
Las estatuas de
David y
Salomón, flanquean la
entrada a la iglesia (ver
Basílica de El Escorial)
como recuerdo a ese origen y
mostrando el paralelismo con el
guerrero
Carlos V y el prudente
Felipe II. Del mismo modo,
el fresco de Salomón se sitúa en
el centro de la biblioteca
mostrando su imagen de mayor
sabiduría: el famoso episodio
con la
Reina de Saba.
La obra dio comienzo, con la
colocación de su primera piedra
el
23 de abril de
1563. Encargada al
arquitecto
Juan Bautista de Toledo, que
no pudo finalizarla al morir en
1567, pasando la dirección
de la misma a
Juan de Herrera, discípulo
del anterior, quien la llevó a
término en
1584, con tanto acierto que
su obra dio origen a la
denominada en
arquitectura escuela
herreriana.
El
2 de noviembre de
1984 la
UNESCO declaró El Real Sitio
de San Lorenzo de El Escorial
Patrimonio de la Humanidad.
Secciones del edificio
Las principales secciones en que
se puede dividir el Real sitio
son:
La Biblioteca
A la cual Felipe II cedió los
ricos códices que poseía y para
cuyo enriquecimiento encargó la
adquisición de las bibliotecas y
obras más ejemplares tanto de
España como del extranjero, fue
proyectada por el arquitecto
Juan de Herrera que, además de
la misma, se ocupó de diseñar
las estanterías que contiene.
Los frescos de las bóvedas
fueron pintados por
Pellegrino Tibaldi. Dotada
de una colección de más de
40.000 volúmenes y de
extraordinario valor, ubicada en
una gran nave de 54 metros de
larga, 9 de ancha y 10 metros de
altura con suelo de mármol y
estanterías de ricas maderas
nobles primorosamente talladas.
Arias Montano elaboró su primer
catálogo y seleccionando algunas
de las obras más importantes
para la misma. En
1616 se le concede el
privilegio de recibir un
ejemplar de cada obra publicada
aunque nunca se llegó a cumplir
de una forma demasiado rigurosa.
La bóveda de cañón del techo de
la biblioteca está decorada con
frescos representado las siete
artes liberales, esto es:
Retórica,
Dialéctica,
Música,
Gramática,
Aritmética,
Geometría y
Astrología.
Palacio de Felipe II
Formado por una serie de
estancias decoradas con
austeridad, fue el lugar de
residencia del rey Felipe II.
Situada junto al altar mayor de
la Basílica, cuenta con una
ventana que permitía al rey
seguir la misa desde la cama
cuando estaba imposibilitado a
causa de la
gota que padecía.
Precedida por el Patio de los
Reyes, verdadero núcleo
central de todo el conjunto, en
torno al cual se articulan las
demás dependencias. También les
sirve a los alumnos de este y
otros colegios para celebrar las
misas.
Sala de las Batallas
Donde en pinturas al fresco se
representan las principales
batallas ganadas por los
ejércitos españoles.
Consta de 26 sepulcros de mármol
donde reposan los restos de los
reyes y reinas que lo son por
derecho propio (la única que lo
ha sido en España desde el
reinado de Felipe II, es S.M.
Doña Isabel II de Borbón) de las
casas de
Austria y
Borbón, excepto
Felipe V y
Fernando VI.
También reposan los restos de
los consortes que son madres o
padres de rey. Entre los
consortes varónes solo podemos
contar con S.A.R el Principe
Consorte Don Fernando de Asis
Borbón, esposo de S.M. Doña
Isabel II.
Los últimos restos depositados
en el panteón han sido los del
rey
Alfonso XIII. Su esposa la
reina Victoria Eugenia de
Battemberg, su hijo S.A.R. don
Juan de Borbón y Battenberg,
conde de Barcelona y su esposa
S.A.R. doña María de las
Mercedes de Borbón y Orleans,
condesa de Barcelona, padres del
actual rey de España S.M. don
Juan Carlos I de Borbón y
Borbón, permanecen aún en una
estancia prevía llamada
Pudridero.
Cuando estas personas reposen en
el Panteon real se harán
excepciones sobre la tradición.
La primera lo será en parte ya
que los Condes de Barcelona, Don
Juan y Doña María de las
Mercedes, no han reinado de
forma efectiva por la llegada de
la II Republica y la marcha al
exilio de S.M. Alfonso XIII y
toda su familia, si bien son
padres de rey. La excepción se
hace evidente en el caso de Doña
Victoria Eugenia de Battemberg,
que aunque consorte de rey, en
sentido estricto, no es madre de
rey. Con ellos se ocuparán todos
los sepulcros del Panteón Real.
Existen dos Pudrideros uno para
el Panteón de Reyes y otros para
el de Infantes y son estancias
que solo pueden ser visitadas
por los monjes del monasterio.
Su función es posibilitar que
los restos mortales de los
personajes reales puedan ser
instroducidos en una pequeña
urna de plomo, que a su vez
reposará en los sepulcros de
marmol del panteón, después de
que hayan pasado entre 20 y 30
años, tiempo que se estima
necesario para que se concluya
el proceso biológico de la
reducción natural de los
cuerpos.
Las paredes de mármoles de
Toledo pulidos están decoradas
con adornos de bronce dorado.
Toda la madera usada en El
Escorial proviene de la llamada
Costa de Oro de Cuba constituida
por los antiguos bosques de
Sagua La Grande en el
centro-norte de la Isla.
Panteón de Infantes
Finalizada su construcción en
1888, está destinado a
príncipes, infantes y reinas que
no han sido madres de reyes. Con
paredes y pavimentos de mármol
blanco es digno de especial
mención el del Infante Don
Juan de Austria. Actualmente
están ocupados 36 de los 60
nichos de que consta.
Salas capitulares
Destinadas actualmente a
pinturas, eran las salas donde
los monjes celebraban sus
Capítulos, especie de
confesiones mutuas para mantener
la pureza de la congregación.
Pinacoteca
Formada por obras de las
escuelas Alemana, Flamenca,
Veneciana, Italiana y Española,
de los siglos XV, XVI y XVII.
Museo de Arquitectura
En sus once salas se muestran
las herramientas, grúas y demás
material empleado en la
construcción del monumento, así
como reproducciones de planos y
documentos relativos a las
obras, con datos muy
interesantes sobre las mismas.
Jardines de los Frailes
Mandados construir por Felipe II,
que era un amante de la
naturaleza, constituyen un lugar
ideal para el reposo y la
meditación.
Manuel Azaña, que estudió en
el colegio de los frailes
agustinos de este monasterio, lo
cita en sus Memorias y en
su obra El jardín de los
frailes. Lugar de
entretenimiento y estudio de los
alumnos.
Siguiendo uno de los preceptos
aprobados por el
Concilio de Trento referente
a la
veneración de los
santos, Felipe II dotó al
Monasterio de una de las mayores
colecciones de
reliquias del mundo
católico. La colección se
compone de unas 7.500 reliquias,
que se guardan en 507 cajas o
relicarios escultóricos trazados
por
Juan de Herrera y la mayoría
construidos, por el platero
Juan
de Arfe Villafañe.
Estos relicarios adoptan las más
variadas formas: cabezas,
brazos, estuches piramidales,
arquetas etc. Las reliquias
fueron distribuidas por todo el
Monasterio concentrándose las
más importantes en la Basílica.
En el lado del Evangelio, bajo
la protección del Misterio de la
Anunciación de María, se guardan
todos los huesos de las santas y
mártires. En el lado opuesto, en
el Altar de San Jerónimo, se
sitúan los restos de los santos
y mártires. Los restos sagrados
se guardan en dos grandes
armarios, decorados por
Federico Zúccaro, que
se encuentran divididos en dos
cuerpos; se pueden abrir por
delante, para ser expuestos al
culto, y por detrás, para poder
acceder a las reliquias.
Otros edificios de interés
La Casita del Infante
La Casita del Infante, (conocida
también como la Casita de
Arriba), debe su nombre al
Infante Don
Gabriel de Borbón, hijo de
Carlos III. El edificio se
sitúa en un promontorio al sur
del Monasterio y fue concebido
para albergar conciertos de
música de cámara. Se llevó a
cabo entre 1771 y 1773 y por el
mismo arquitecto que la Casita
de Abajo,
Juan de Villanueva. Tiene
jardines de estilo italiano en
terrazas descendentes y era
posible escuchar la música desde
el interior y el exterior. La
decoración original se perdió y
la que puede observarse
corresponde a los reinados de
Carlos IV y
Fernando VII.
Vicente Gómez pinto la
bóveda con un fresco de Las
Cuatro Estaciones.
La Casita del Príncipe
La Casita del Príncipe o de
Abajo fue edificada en 1772 por
el arquitecto
Juan de Villanueva, para el
Príncipe de Asturias (futuro
Carlos IV como casa de
recreo. Fue construída en un
bosque de
robles entre el Monastrio y
El Escorial. Se pueden apreciar
detalles en la composición que
recuerdan la estructura del
Museo del Prado. Destacan
las decoraciones neoclásicas (alguan
perdidas durante la ocupación
frances) de estilo pompeyano y
etrusco, entre otros de Ferroni,
las sedas y los estucos de
mármol y los techos pintados por
Vicente Gómez,
Luigi Japelli,
Mariano Salvador Maella y
Francisco Bayeu.
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