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UNAS PALABRAS SOBRE LA OBRA DE
BUERO-VALLEJO Y “LAS MENINAS”
“Sin embargo, si atendemos al
eje de fuerzas con las que Buero-Vallejo
construye su drama, su
protagonista, Velázquez, se
levanta como un ser perseguido
por un destino social y por unos
conflictos internos que lo
convierten en trágico personaje
enfrentado a insuperables
barreras que obstaculizan el
ejercicio de su libertad. Sin
olvidar, claro, que el el
intento de encontrar la verdad
que domina tanto a él como a la
infanta se encuentra la base de
la tragedia edípica, de la misma
forma que su sentimiento de
culpa, generado a partir del
sacrificio de Pedro, marca
ineludiblemente al Velázquez de
Buero-Vallejo con el signo de lo
trágico. En cuanto a su
estructura, la tragedia
velazqueña que el dramaturgo
actual nos ofrece posee, como el
resto de su producción, un final
abierto a la esperanza que, si
bien no toca ya a las criaturas
que la han desarrollado en
escena, sí afecta al espectador.
El marco trágico que emplea
Buero Vallejo desde sus primeras
obras nos lleva a pensar en un
aspecto de la pintura de
Velázquez, criticado por Angelo
Nardi en el drama, cuando,
envidiosos de sus logros,
comenta a Juan de Pareja:
‘Nadie pensaría trasladar cosa
tan trivial a un tamaño tan
grande’. Quizá, sin
proponérselo, el artista Buero
está poniendo en boca de su
personaje uno de los elementos
clave de su técnica dramatúrgica,
porque él, como se dice de
Velázquez, desde 1949, en que
dibuja ‘cosas de las escaleras
donde he vivido y de otras en
cuyos barrios no viví nunca’,
está pintando el cuadro de la
cotidianidad española en el gran
marco de la tragedia. Así lo ha
hecho en las obras del aquí y
ahora de su escritura y en las
que, como la que comentamos, se
ven revestidas de ropajes de
época. En este drama histórico,
no son los grandes destinos del
país ni las decisiones de sus
líderes lo que protagonizan la
trama, sino el humano calvario
del artista que se debate en un
microcosmos rastrero de envidias
y rencores. No es el héroe
clásico el que ejemplifica con
su trágico final; ese papel
queda para un mendigo, ínfimo
representante de la ciudadanía
marginal. Y, a pesar de todo,
desde esa perspectiva apenas
relevante, el dramaturgo
proyecta la mirada del receptor
hacia los graves problemas
sociales de un mundo injusto que
genera víctimas desde el poder
establecido. Y hace la
consideración ética de la
mentira como procedimiento de
aniquilación frente a la verdad
salvadora.
Buero Vallejo focaliza con su
Velázquez al receptor para que
contemple el dolor humano y las
injusticias sociales; los
problemas inherentes al
enmarscaramiento de la realidad
por los tópicos y engaños
vigentes; la encrucijada de la
responsabilidad del creador, del
intelectual ante todo ellos.
El, como intelectual, se
considera responsable de la
falta de luz que un mundo oscuro
e hipócrita hace padecer a sus
habitantes; por eso proyecta su
esclarecedora visión a través
del conflicto dramático que
soporta su personaje, que
soportan todos sus personajes,
porque, como él mismo indicaba
en 1962, ‘el propósito
unificador de mi obra ha seguido
siendo, seguramente, el mismo:
el de abrir los ojos. ¿A qué?
A la verdad, naturalmente; a la
verdad, con todo cuanto el
intento pueda traernos de
inmensa compensación, más
también de dolor inmenso’”
The
above was taken from the foreword
to Antonio Buero-Vallejo’s “Las
Meninas” by Virtudes Serrano.
“Lo
que mi teatro es, no lo sé; de
lo que intenta ser, sí estoy
algo mejor enterado. Intenta
ser, por lo pronto, un revulsivo.
El mundo está lleno de
injusticias y de dolor: la vida
humana es, casi siempre,
frustración. Y aunque ello sea
amargo, hay que decirlo. Los
hombres, las sociedades, no
podrán superar sus miserias si
no las tienen muy presentes.
Por lo demás, mi teatro no se
singulariza al pretenderlo: esa
es la pretensión común a todo
verdadero dramaturgo. La
miseria de los hombres y de la
sociedad debe ser enjuiciada
críticamente; la grandeza humana
que a veces brilla en medio de
esa miseria también debe ser
mostrada. Considerar nuestros
males es preparar bienes en el
futuro; escribir obras de
intención trágica es votar
porque un día no hay más
tragedias.
“El dramaturgo no sabe si eso
llegará a suceder, aunque lo
espera. Y, como cualquier otro
hombre que sea sincero, no tiene
en su mano ninguna solución
garantizada de los grandes
problemas; sólo soluciones
probables, hipótesis, anhelos.
Su teatro afirmará muchas cosas,
pero problematizará muchas otras.
Y siempre dejará—como la vida
misma—preguntas pendientes.”
by
Antonio Buero-Vallejo, “Acerca
de mi teatro”
DIALOGUE FROM “LAS MENINAS” BY
ANTONIO BUERO VALLEJO
Pedro Briones: “Un cuadro
sereno: pero con toda la
tristeza de España dentro.
Quien vea a estos seres
comprenderá lo irremediablemente
condenados al dolor que están.
Son fantasmas vivos de personas
cuya verdad es la muerte. Quien
los mire mañana lo advertirá con
espanto…” Sí, con espanto, pues
llegará un momento, como a mí me
sucede ahora, en que ya no sabrá
si es él el fantasma ante las
miradas de estas figuras…Y
querrá salvarse con ellas,
embarcarse en el navío inmóvil
de esta sala, puesto que ellas
lo miran, puesto que él está ya
en el cuadro cuando lo miran…Y
tal vez, mientras busca su
propia cara en el espejo del
fondo, se salve por un momento
de morir. (Se oprime los ojos
con los dedos.) Perdonad…Debería
hablaros de los colores como un
pintor, mas ya no puedo. Apenas
veo…Habré dicho cosas muy torpes
de vuestra pintura. He llegado
tarde para gozar de ella.”
Velázquez: (Que lo oyó con
emoción profunda.) “ No, Pedro.
Esta tela os esperaba. Vuestros
ojos funden la crudeza del
bosquejo y ven ya el cuadro
grande…tal como yo intentaré
pintarlo. Un cuadro de pobres
seres salvados por la luz…He
llegado a sospechar que la forma
misma de Dios, si alguna tiene,
sería la luz…Ella me cura de
todas las insanias del mundo.
De pronto,veo…y me invade la
paz.
Pedro: ¿Veis?
Velázquez: Cualquier cosa: un
rincón, el perfil coloreado de
una cara…y me posee una emoción
terrible y, al tiempo, una calma
total. Luego, eso pasa…y no sé
cómo he podido gozar de tanta
belleza en medio de tanto
dolor.
Pedro: Porque sois pintor.
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El Rey: “¡Medid
vuestras palabras!
Velázquez: Ya no, señor. El
hambre crece, el dolor crece, el
aire se envenena y ya no tolera
la verdad, que tiene que
esconderse como mi Venus, porque
está desnuda. Mas yo he de
decirla. Estamos viviendo de
mentiras o de silencios. Yo he
vivido de silencios, pero me
niego a mentir.
El Rey: Los errores pueden
denunciarse.
¡Pero
atacar a los fundamentos
inconmovibles del poder no debe
tolerarse! Os estáis perdiendo,
don Diego.
Velázquez: ¿Inconmovibles?
Señor, dudo que haya nada
inconmovible. Para morir nace
todo: hombres, instituciones…Y
el tiempo todo se lo lleva.
También se llevará esta edad del
dolor. Somos fantasmas en manos
del tiempo…”
Taken from
“Las Meninas” by Antonio Buero-Vallejo
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