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El Escorial recobra un 'van dyck'
dos siglos perdido
'El martirio de san Sebastián'
fue comprado por 2,5 millones
RAFAEL FRAGUAS - San Lorenzo de El Escorial - 07/02/2009
El País.com

El Martirio de San Sebastián fue
colocado ayer en el mismo lugar
donde lo ubicara Velázquez.
Las campanadas saludaban ayer, en medio del temporal de nieve, el
regreso de El martirio de san
Sebastián a San Lorenzo de
El Escorial, tras nada menos que
doscientos años de forzada
ausencia. Se trata de uno de los
más codiciados lienzos del
pintor flamenco Anton van Dyck
(1599-1641).
Las campanadas saludaban ayer, en medio del temporal de nieve, el
regreso de El martirio de san
Sebastián a San Lorenzo de
El Escorial, tras nada menos que
doscientos años de forzada
ausencia. Se trata de uno de los
más codiciados lienzos del
pintor flamenco Anton van Dyck
(1599-1641). Y permaneció en la
sala capitular del solemne
monasterio madrileño, donde se
atesoran sus mejores pinturas,
entre 1656 y 1809.
Después, se perdió la pista del cuadro, un óleo sobre lienzo que
representa con extremado
dramatismo y belleza -la mirada
de tristeza serena del mártir y
la tensión y la rabia de sus
verdugos- los preparativos para
la ejecución del santo.
La peripecia de lo que acaecerá luego con este espléndido cuadro
podría merecer un guión
cinematográfico. En medio de la
confusión creada por la
ocupación militar de España por
las tropas napoleónicas, el
lienzo desapareció en 1809 tras
su traslado desde la sala
capitular del cenobio madrileño
al Palacio Real.
Entonces fue inventariado por el sacerdote y bibliotecario Pablo
Lorenzo. Pero el rastro del
cuadro se perdió poco después.
Se temió que hubiera sido
expoliado por algún general de
Napoleón, ocultado por parientes
del valido en desgracia Manuel
Godoy o vendido por el miembro
de una saga de pintores. Pero
hasta 1930, en que fue visto en
una colección particular en la
francesa Lyon, nada se supo del
cuadro. "Se seguía su pista
desde tiempo atrás", explica
Yago Pico de Coaña, presidente
de Patrimonio Nacional,
organismo estatal responsable de
la recuperación del tesoro
flamenco. En 2000 fue vendido en
Christie's de Londres. Y en
diciembre de 2008, el Estado
español compró el cuadro a la
galería Weiss de la capital
británica. Los seis millones de
euros exigidos en un principio
pasaron a 2,5 millones. "Patrimonio
supo aguardar un momento mejor",
explica Pico de Coaña.
Con 194 centímetros de altura por 142 de anchura, el cuadro
engrosó la colección de Felipe
IV después de que,
presuntamente, se lo regalase el
octavo marqués del Carpio, según
la conservadora de Patrimonio
Nacional, Carmen García Frías,
que cita a Matías Díaz Padrón,
experto en pintura flamenca y ex
conservador del Museo del Prado.
El embajador español lo consiguió en 1651, y, con probabilidad,
procedía de la almoneda de los
bienes del decapitado Carlos I
de Inglatera, del cual Van Dyck
había sido pintor de corte.
Desde muy joven, Van Dyck destacó por la finura de sus obras, con
una asombrosa armonía entre
dibujo, color y composición de
una elegancia excelsa. De él,
Patrimonio Nacional carecía de
obras, ya que la escasa
producción de este autor en
España la atesora el Museo del
Prado, que guarda en sus sótanos
un espléndido retrato ecuestre
del rey inglés. Éste, dicho sea
de paso, visitó Madrid cuando
aún era príncipe de Gales y se
ganó el apodo de El Príncipe
Gorrón por los obsequios,
regalos y prebendas que iba
recibiendo en su paseo por la
Corte madrileña como aspirante a
la mano de una hija del rey
Felipe IV, con la que nunca
llegaría a casarse.
El flamenco Anton van Dyck fue discículo de Pedro Pablo Rubens,
buen conocedor de España y amigo
de Diego Velázquez. Éste, a su
condición de pintor de Corte del
rey de España, Felipe IV, añadía
su encomienda de aposentador
regio. Por ello y gracias a su
exquisito gusto, Diego Velázquez
eligió este cuadro, ahora
recobrado, para ornamentar la
sala capitular del monasterio de
San Lorenzo de El Escorial. Por
todo ello, ayer, tras doscientos
años de destierro, el cuadro
regresó precisamente al lugar
donde, según se cree con
fundamento, lo colgó Diego
Velázquez.
El acto se vio envuelto en una atmósfera de emoción y respeto.
Acaso porque los presentes
sentían que así lo exigía una
ceremonia que tuvo mucho de
reparación histórica.
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