Proyecto Clio:
COMENTARIO DE EL ENTIERRO DEL
CONDE ORGAZ. OBRA MANIERISTA DE
EL GRECO por J. Enrique Peláez
Malagón

DESCRIPCIÓN:
Este gran cuadro
está dividido en dos grandes
zonas, por un lado en la parte
alta se observa una zona
celestial en donde aparecen
Cristo, la Virgen, ángeles,
santos y otros personajes ya
fallecidos. En la parte
inferior, la terrenal, se
representa un entierro rodeado
de personajes, unos
eclesiásticos y otros civiles.
ORIGEN DEL CUADRO:
El origen del
cuadro hay que situarlo en el
encargo que Andrés Nuñez de
Madrid (Párroco de Santo Tomé)
realiza a El Greco en 1586 para
que pinte un lienzo que iba a ir
situado en una capilla lateral
de la citada iglesia parroquial.
Ese cuadro tendría
que representar el milagro que
en 1323 ocurrió en aquella
iglesia cuando se iba a enterrar
a Gonzalo Ruiz de Toledo, señor
de Orgaz: En ese momento bajan
del cielo San Agustín y San
Esteban y lo entierran ellos
mismos con sus propias manos.
Por lo tanto el cuadro ha de
representar esta escena con el
fin de informar al visitante el
hecho extraordinario que ocurrió
en ese lugar, a la vez que le
recuerde que ciertas virtudes
como la caridad o el rezo a los
santos son razones de peso para
poder alcanzar la vida eterna,
motivo por otra parte de que se
produjese el milagro.
Las razones de que
este encargo se realizase en
1586 habría que buscarse el
pleito que años atrás mantuvo el
párroco Nuñez con los vecinos de
Orgaz al negarse éstos a
continuar beneficiando a la
iglesia de Santo Tomé, tal y
como lo había dejado escrito su
señor antes de morir; este
pleito es ganado por Nuñez,
quien a partir de ese momento
decide levantar una capilla
sobre la tumba, encargar un
epitafio al humanista Alvar
Gómez de Castro con el fin de
recordar de una manera más
directa al fiel la necesidad de
la caridad para lograr la
salvación, y encargar de la
misma forma un lienzo que
rememorare el hecho milagroso y
la lectura que se ha de extraer
de él.
El Greco por tanto
tiene que representa una pintura
conforme al contrato y encargo
de Nuñez, origen más directo de
la obra, pero además el pintor
tiene otras fuentes como son la
obra de Pedro de Alcocer o de
Hierónymo Román de donde extraer
elementos o inspirarse.
ANÁLISIS FORMAL DE LA OBRA:
La obra tiene una
serie de características que la
sitúan dentro del estilo
Manierista de la pintura.
Este estilo nace de
la crisis, de una parte el
ambiente de optimismo,
equilibrio y confianza del
Humanismo, se ve amenazado con
los problemas económicos,
políticos y religiosos que
culminaron en el “Saco di Roma”.
De otra parte la presencia de
grandes maestros en el Arte,
parece cerrar a los más jóvenes
las posibilidades de creación
independiente, limitándolos a un
papel de seguidores que pronto
reinterpretarán habida cuenta de
la libertad pictórica que han
heredado de los grandes
maestros, esto unido al nuevo
interés arqueológico
(descubrimiento de El Laoconte,
de la Domus Aurea o de Las Bodas
Aldobrantinas) y al proceso
altamente intelectualizado con
el que se quiere realizar las
representaciones artísticas,
sientan las bases del desarrollo
de este nuevo estilo.[1]
Estas
características del nuevo Arte
que podemos observar en la obra
que estamos comentando serán:
· Luces de apariencia
artificial:
Fenómeno que indica la
artificiosidad e intelectualidad
que se aplica en la obra, está
tomado de toda la tradición
manierista en general por lo que
no se puede hablar de una
influencia de un pintor en
concreto. En la obra por tanto
podemos observar como la parte
celestial tiene una luz diáfana
que no emana de una fuente en
concreto, o como en la parte
terrenal parecen el cuerpo del
señor de Orgaz y los santos más
iluminados que el resto así como
las caras de los personajes
representados. Esta iluminación
no pertenece a la observación
natural, si hubiese sido así las
antorchas que portan algunos
individuos hubiesen modificado
la luminosidad del cuadro
creando unos contrastes entre
luces y sombras. El Greco por
tanto utiliza este recurso de
una forma artificial que
inquieta al espectador y le hace
atraer la mirada hacia unas
escenas determinadas.
· El alargamiento de las
figuras:
Recurso ampliamente utilizado
por el pintor en todos sus
lienzos hasta tal punto que éste
se ha tomado como característico
de su obra. Este recurso lo
tomará de Miguel Ángel tras su
paso por Roma y en segundo lugar
de Tintoretto y Parmigianino de
la escuela Veneciana. Consiste
en el alargamiento voluntario de
las formas buscando en ello una
belleza de las formas a través
de la estilización de éstas,
existe por tanto una inspiración
goticista, pero también una
intencionalidad de poner en
cuestión unas reglas y modelos
nacidos en el Alto Renacimiento
y que a la altura del siglo XVI
son considerados como caducos.
Es por este motivo que los
tratadistas se harán eco de la
nueva situación argumentando que
el cuerpo no se puede medir
objetivamente, y ha de ser el
ojo y no las reglas las que
marquen la composición de una
figura. El Greco conoce la obra
de Miguel Ángel tras su estancia
en Roma, conoce a los demás
manieristas, y también sabemos
que en su biblioteca se
guardaban algunos tratados al
respecto en donde anotó su
conformidad con estos
postulados. Así no es de
extrañar la estilización de las
figuras que aparece en la obra
que comentamos.
· Figuras cortadas:
Es otro de los recursos
manieristas utilizados en la
pintura, algo impensable dentro
del Renacimiento que postula la
armonía, el equilibrio, la
composición dentro de la obra,
pero que el Manierismo al romper
con las normas no tiene en
cuenta, buscando así unos
efectos mayores en el cuadro.
Ejemplo de todo ello lo podemos
encontrar en las figuras
recortadas que aparecen en los
laterales del lienzo.
· Figuras serpentinatas:
Es otro de los recursos
manieristas utilizados por El
Greco. Consiste en la
elaboración de figuras
retorcidas que buscan extraños
escorzos. Esta idea nace de
Miguel Ángel que quiere con ello
imprimir en la figura una
expresión no alcanzada
anteriormente, idea que pronto
es aceptada y desarrollada por
los manieristas. Ejemplo de ello
lo podemos encontrar en la
figura del ángel que conduce el
alma del señor de Orgaz al cielo
y en menor medida en la posición
de otros ángeles de la escena
celestial.
· Estudio anatómico de
los cuerpos:
Característica de influencia
Miguelangelesca, que veía en los
estudios y representación
anatómicas de los cuerpos una
forma de poder representar la
belleza. Esta circunstancia la
podemos observar en los desnudos
que aparecen en la parte
celestial de la obra.
· Predominio del color en
la composición frente a la
línea:
Algo que se sale de la
influencia de Miguel Ángel pero
que la acerca a las obras del
Manierismo Veneciano y más
concretamente a la órbita de
Tintoretto y de Tiziano cuyas
obras eran verdaderas
explosiones de color. Esta
circunstancia la podemos
observar en los colores vistosos
y llamativos que se utilizan en
su obra que llaman poderosamente
la atención trasmitiendo una
emoción al contemplador como
puede ser las casullas de los
santos, las caras recortadas en
fondo negro de los personajes,
la utilización de los blancos y
en general el colorido de la
parte celestial. El predominio
del color alcanzará su impronta
más alta en la representación
del alma del difunto, en donde
ésta queda resumida en unas
pinceladas de color en donde ha
desaparecido totalmente la
línea. En definitiva podemos
concluir que en la “lucha” que
contemporáneamente a El Greco se
da entre los pintores y
tratadistas que defienden la
importancia de la línea y los
que postulan el color,(Miguel
Ángel y toda la escuela
manierista romana por un lado y
por otro Tiziano y la escuela
manierista Veneciana), El Greco
tomará partido claro por éstos
últimos, circunstancia que no
sólo podemos observar en su obra
sino también en las anotaciones
que el pintor realizó en los
libros teóricos sobre pintura
que conservaba en su biblioteca
como pone de manifiesto Alicia
Cámara.[2]
· Un cierto “Horro vacui”
en la composición:
Ésta es otra de las
características del Manierismo,
que trata de llenar todo el
espacio pictórico. Ejemplo de
ello lo podemos ver sobre todo
en la parte celestial en donde
aparecen un sin fin de
personajes que llenan por
completo la escena.
· El movimiento:
Característica manierista que
es ampliamente utilizada por los
pintores de este estilo, nace de
la importancia que Miguel Ángel
le da en la representación de
las figuras ya que el movimiento
será una característica de la
belleza. El Greco lo utilizará
en muchas de sus obras, si bien
en esta no sea algo
característico a excepción de
las aposturas de algunos ángeles
que denotan movimiento.
Como conclusión a
este apartado podemos situar a
El Greco como un pintor
manierista influenciado por
Miguel Ángel por un lado y por
la escuela veneciana por otro,
si bien él funde todas estas
tendencias llegando a crear aun
estilo personal y propio que ha
hecho que algunos estudiosos del
tema no se atrevan a inscribir a
El Greco en el Manierismo y
recurran a hablar de un estilo
excesivamente personal difícil
de clasificación.[3]
U otros que hablen de la
tradición bizantina en el
manierismo como es el caso de
Rosa María Lets.[4]
En cualquier caso las
influencias manieristas son
determinantes, como lo son
también el hecho (tal y como
ocurrió con otros pintores del
momento) de que él mismo se
considerase representante de un
arte liberal frente los que
consideraban la pintura como un
oficio manual, polémica típica
del Manierismo cuya prueba
estaría en los pleitos que el
pintor llevó a cabo a lo largo
de toda su trayectoria
pictórica.
Por lo que respecta
a las características de la obra
que la incluirían en una
determinada fase de la
producción del pintor, éstas
serían las mismas que hemos
señalado anteriormente,
indicando que se producen en una
fase final de su carrera en
donde ha recogido las
influencias bizantinas de sus
comienzos (pintura religiosa),
romanas, venecianas,
escurialenses en donde se hace
eco del sentir Contrareformista.
ANÁLISIS ICONOGRÁFICO DE LA
OBRA:
Tal y como se ha
dicho, la intención del cuadro
era pintar el milagro aludido
anteriormente. Para ello el
artista pintará el entierro tal
y como se le ha mandado, pero
también una visión divina del
mundo celestial ha donde irá el
alma del difunto.
En esta visión
divina se representa el cielo.
Un cielo dominado por la figura
central de Jesucristo Resucitado
(vestiduras de blanco) que
sentado en un trono juzga como
rey del universo a todas las
almas. En este sentido hay quien
observa una relación entre este
Cristo y las figuras de los
pantocrátor medievales.
Cristo como Señor
del mundo ha de juzgar esta
nueva alma del difunto que sube
hacia él. Por eso con la mano
derecha señala hacia San Pedro
(portador de las llaves del
cielo tal y como lo atestigua su
atributo pictórico), indicándole
que ha de abrir las puertas para
esta alma que sube.
Bajo la figura
central aparece la Virgen María
(vestida de rojo y azul como lo
demanda la tradición; rojo
porque es coopartícipe de la
Pasión de Cristo y azul como
color de la esperanza en el
cielo) María, está en
disposición de acoger el alma
que sube “ayudando” por medio de
un gesto a que ese alma se
eleve. Esta posición de la
Virgen como intercesora ante su
Hijo, en el papel de Madre será
uno de los argumentos
contrareformistas más utilizados
en el Barroco unos años después,
ya que con el fin de
contrarrestar las doctrinas
protestantes, se hará hincapié
en la función de quien recibe un
culto de hiperdulía.
A la izquierda de
Cristo (derecha del cuadro)
aparecen toda una serie de
personajes que miran
adorantemente a Dios. Entre
ellos y reconocibles a través de
sus atributos, cabe destacar en
primer lugar a San Juan el
Bautista, reconocible por su
vestimenta de piel de camello,
que quien por se “el primero
entre los hijos nacidos de
mujer” (como dice el Evangelio)
se encuentra en un primer lugar.
Junto a él dos mártires: San
Pablo Apostol (con la espada de
su martirio) y Santiago el Mayor
patrono de España, con
indumentaria que asemeja la de
un peregrino y con la concha. En
segunda fila de este grupo
aparece Santo Tomás (titular de
la parroquia y reconocible por
la escuadra de arquitecto) y el
resto de los apóstoles al lado
de Felipe II, lo cual no deja de
ser un sorprendente lugar. En
último lugar aparecen una serie
de santos sin identificar que
forman el coro celestial
alrededor de la Figura de
Cristo. Bajo ellos, en la
esquina derecha de la parte
celestial de la composición, sí
se pueden identificar a María
Magdalena (cabellos despeinados)
y a San Sebastián con las saetas
de su martirio, ambos santos con
una devoción particular en el
lugar.
En la parte
izquierda del cuadro aparecen
diversas figuras del Antiguo
Testamento como el rey David con
su arpa, Moisés con las Tablas
de la Ley o Noé al lado de su
arca. En definitiva toda una
serie de personajes importantes
a quienes se presupone un lugar
destacado en la otra vida.
En la parte
terrenal de la pintura, tal y
como hemos indicado aparece el
cuerpo inerte del noble difunto
que es recogido por San Agustín
con su vestimenta de obispo y
San Esteban, diacono de la
Iglesia y primer mártir. En las
casullas y estolas de ambos
personajes decora El Greco
algunos personajes bíblicos y
otras escenas; ropajes por demás
contemporáneos al autor del
cuadro, pero no así a los de la
época de las dos figuras
retratadas. A este entierro
asisten anacrónicamente el
párroco que encarga el cuadro
que preside las exequias leyendo
el ritual de los oficios y otros
clérigos de su entorno. En la
parte opuesta, un fraile
franciscano, otro agustino y un
fraile dominico. En la fila del
centro una serie de personajes
contemporáneos de El Greco, y el
mismo Greco que nos mira de
frente, invitando a entrar al
espectador en el misterio y
milagro que está ocurriendo, de
la misma manera que hace el niño
del primer plano hijo de El
Greco señalando con su dedo al
personaje central.
Entre la parte
terrenal y la celestial aparece
el alma del difunto que es
ascendida ayudada por un ángel,
personajes que también aparecen
por toda la composición
distribuyéndose conforme a la
disposición en jerarquías
propuesta por el mismo San
Agustín. De esta forma los
ángeles serían los más cercanos
a los personajes vivos y por
tanto más parecidos a los
mortales, los serafines y
querubines alrededor de los
personajes espirituales,
representados como pequeños
amorcillos y finalmente tronos,
potestades y poderes al lado de
Cristo en Majestad, entidades
sin forma, por lo que el pintor
los detalla a base de colores
difuminados que rodean la Figura
de Jesús.
En líneas generales
podemos hablar de una
composición en donde además de
relatarnos un milagro, tal y
como se le pide al pintor, éste,
ayudado de las indicaciones de
los clérigos, va más allá y nos
presenta una visión beatífica
del Cielo en todo su esplendor,
dándonos así una lección
teológica del mismo. Esto es,
que las almas al morir se
desprenden del cuerpo y se
dirigen a la otra vida. Éstas
serán juzgadas por Dios en la
persona de su Hijo, determinando
a quien se les abre el cielo o
quienes son condenados para toda
la eternidad. De la misma manera
la Virgen y los ángeles conforme
a sus distintas jerarquías,
sirven de intermediarios,
“ayudando” al alma a elevarse y
poder integrase en el Cielo al
lado de todas aquellas personas
que a lo largo de la Historia se
han hecho merecedoras de Él.
BIBLIOGRAFÍA:
Como obras de
carácter general y de
referencia, se pueden citar los
clásicos:
· VV.AA.; Summa Artis,
Espasa Calpe, Madrid, d.a.
· VV.AA.; Ars Hispaniae,
Plus Ultra, Madrid, d.a.
Como manuales de referencia por
lo que a iconografía se refiere
con el fin de identificar
personajes y su función:
· Duchel-Suchaux, G; Guía
iconográfica: La Biblia y los
santos, Alianza, Madrid, 1996
· Réau, Louis;
Iconografía del Arte Cristiano,
Serbal, Barcelona, 1998 (6
volúmnes)
Como obras específicas sobre el
tema, de entre las muchas que se
pueden señalar:
· Cámara, Alicia, El
Greco, col. El Arte y sus
creadores, nº 14, Historia 16,
Madrid, 1993 (En donde se puede
encontrar una amplia
bibliografía sobre el tema)
· Catálogo de la
exposición El Toledo de El
Greco, Ministerio de Cultura,
Toledo, 1982.
· Frati, T.; La obra
pictórica completa de El Greco,
Noguer Rizoli, Barcelona, 1977.
· Marías, F., et al.; Las
ideas artísticas de El Greco,
Cátedra, Madrid, 1981
[1]
Idea tomada de José
Rogelio Buendía, Las
Claves del arte
Manierista, Arín,
Barcelona, 1986, pp.15 y
ss.
[2]
Cámara, Alicia, El
Greco, col. El Arte y
sus creadores, nº 14,
Historia 16, Madrid,
1993, pp. 12 y ss.
[3]
Castillo, Miguel Ángel,
Renacimiento y
Manierismo en España,
col. Historia del Arte,
nº 28, Historia 16,
Madrid, 1989, pp. 117 y
ss.
[4]
Lets, Rosa María, El
Renacimiento, Gustavo
Gili, Barcelona, 1985,
pp. 97 y ss.
|